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"Siento que aporto, que agrego valor." Es una forma de decirlo. Otra: "No vuelvo a estar nueve o diez horas seguidas por día en una empresa: todo lo que hago, lo hago por mi cuenta." Y aun una tercera: "Era interesante intentarlo. Hoy trabajo más a gusto y sin presión alguna, porque la presión me la pongo yo." Quienes pronunciaron las tres frases citadas arriba son sendos profesionales que hasta hace algunos años ocuparon cargos clave en importantes industrias y que hoy, con edades que los marginan de la competencia por los puestos ejecutivos, están aprovechando una nueva oportunidad: la de aportar su experiencia para ayudar a pequeñas y medianas empresas bonaerenses a despegar, crecer o transformarse. El ámbito es el programa Experiencia Pyme, lanzado el año último por el Ministerio de la Producción provincial. Uno de ellos es el ingeniero Fernando García Plorutti. A principios de 2001, crisis económica mediante, su carrera sufrió un corte abrupto: volvía de sus vacaciones cuando sus superiores en La Serenísima lo recibieron con la noticia de que prescindirían de sus servicios. "Estuve mal", recuerda hoy. "Es algo que uno no se espera. Tuve que hacer la cola en la Anses, ir al Banco Nación para cobrar el seguro de desempleo. Algo espantoso." Su ingreso a Experiencia Pyme fue la oportunidad de volver a trabajar, pero a su propio ritmo y eligiendo en qué proyectos colaborar. Por ejemplo, asesoró a Milkey SA, una empresa de Chivilcoy, para mejorar la calidad del dulce de leche que elabora. Hoy realiza una consultoría para otra empresa, Endivias Belgrano. El caso de Daniel Enríquez, licenciado en Organización Industrial, es similar. Ocupó puestos de alta jerarquía en todas las compañías en las que trabajó. Incluso en Aluplata SA, una fábrica de envases de aluminio que fue duramente golpeada por la devaluación del peso, cuando, como él dice, "todo voló por el aire". Entonces la empresa cerró su planta en la Argentina y Enríquez, con 53 años, quedó desempleado. "Me avisaron quince o veinte días antes. Yo tenía auto, gastos pagos, todos los beneficios de un ejecutivo de alto nivel. De golpe y porrazo, todo se acabó", recuerda. Desde 2003 se dedicó a la consultoría industrial en forma privada. Pero fue su participación en Experiencia Pyme lo que lo llevó a trabajar nuevamente full time. Realizó varias consultorías y fue contratado por algunas de las pymes, a las que asesoró como parte del programa oficial. "Ahora trabajo más que antes: salgo de casa a las 7 y vuelvo a las 22", cuenta. Guillermo Acuña, un doctor en Ciencias Económicas de 64 años, fue el único de los tres que "se corrió" a tiempo de la debacle económica. A principios de los 90, luego de una carrera de treinta años en puestos clave de distintas empresas, abandonó su cargo de vicepresidente en Deutz para dirigir una consultora, justo a tiempo para ver cómo las mutaciones económicas de la década se llevaban puestos a montones de profesionales de su edad que trabajaban en grandes empresas. Acuña nunca llegó a estar inactivo. Pero desde que entró en el programa Experiencia Pyme está "más activo que nunca". Ya realizó doce consultorías para pequeñas y medianas empresas. Y fue contratado por cuatro de ellas. Tiene edad para jubilarse, pero no se le cruza por la cabeza. "El que se cansa es el que no tiene proyectos", afirma. Fuente: Sebastián Lalaurette de la Corresponsalía La Plata, La Nación. (4746 visitas)
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